sábado, 23 de junio de 2012

Caifanes

Para Tona, Canek y Diego, porque sé que hubieran cantado todas, toditas las rolas conmigo. 


Pensar en el rock mexicano es pensar, sin duda, en Caifanes y no porque hayan sido la primera banda que tocaba en la lejana década de 1980, ni porque hayan sido los mejores (antes de ellos hubieron muchas otras bandas muy buenas, que hoy podrían considerarse de culto, incluso); la importancia de Caifanes, desde mi punto de vista, radica en que fueron los primeros en trascender la frontera de la clandestinidad y se insertaron en el "mercado". Lo demás ya fue mera historia. Los demás ya no la tuvieron tan complicada. Por esa simple razón, Caifanes se ganó su lugar en la historia y se lo ganó a pulso, hay que  agregar. 

A Caifanes los descubrí en la secundaria, en 1992, con el que es su mejor disco (El Silencio). Los demás discos tienen sus mejores canciones, pero no son discos completos, es decir, son más bien recopilaciones de canciones que tenían por aquí y por allá, pero El Silencio es su primer disco bien pensado, completo, pues. 

Algunos dicen que soy melómana, pero soy fan, realmente fan, de pocos grupos (en otras palabras, sé poco de muchos y mucho de tres, igualito que mi carrera). Los Beatles en primerísimo lugar y luego diría que Café Tacvba, pero, en realidad, ellos llegaron a mi vida después. Caifanes fue el primer grupo mexicano que me gustó, que realmente me gustó. Sí era muy muy fan y todavía no sé por qué nunca fui a un concierto de ellos. Por más que hago memoria, no logró descifrar por qué faltaban ellos en mi colección de conciertos. Supongo que era demasiado pequeña para andar en conciertos de greñudos, pero eso no es tan cierto porque sí fui a los conciertos de Guns and Roses; quizá no fui porque no recuerdo que mis amigos de ese entonces fueran tan fans y no iba a ir sola, es verdad que mis papás me llevaron a ver a Guns, pero porque no entendían nada de sus letras, a éstos groserotes, definitivamente, no. A ciencia cierta no lo sé. Lo cierto es que nunca los había visto. 

En esos años de secundaria, la música de Caifanes era todo un enigma para mí. Me llamaba la atención sus protagonistas (un ojo de venado, una bestia humana, una tortuga, los dioses ocultos, células que explotan), los nombres taaan largos de sus canciones y frases que me parecían absolutamente poéticas ("préstame tu peine y péiname el alma", "cuando me muera y me tengan que enterrar quiero que sea con dulces y no con piedras"). La verdad, no entendía nada de nada de sus letras (muchas todavía no las entiendo). Por ejemplo, ¿por qué madres le escriben una canción a una piedra? (muchos años después entendí para qué piedra era esa canción). ¿Qué es eso de "por eso, me pongo un saco, tomo la navaja y salgo a clavar"?. ¿A clavar qué? Y también le ponía comas a letras que no llevaban ("despójame de todo mal, carnal" ja, ja, ja).  Y ya cuando de plano me di por vencida fue cuando le puse atención a la letra de "sombras en tiempos perdidos" y no entendí nada. Por suerte, el tiempo también cura la pendejez y ahora le entiendo perfecto, es mi canción favorita y, desde mi punto de vista, su mejor rola ("junta tu rostro mojado con el mío, nunca me quites ese embrujo tuyo, ¡ay, amor, hazme creer que todo es verdad!, ¡ay, amor, hazme brincar sobre el mar!").

A Caifanes los bloquee de mi mente, porque me enojó mucho que se separaran justo cuando más los necesitaba (en 1995 cuando iba a entrar a la universidad). Aunque, a veces, los perdonaba y volvía a escucharlos; hasta les di el beneficio de la duda cuando algunos se rebautizaron bajo el nombre de Jaguares (no eran malos, pero ya no era igual). El año pasado que se reunieron no fui a ninguno de sus conciertos, porque anduve de viaje y estaba enojada también por eso, así que me dio mucho gusto enterarme que tocarían en el Wirikuta Fest y, además, también estaría Café Tacvba. ¡Dos por uno! , ¡bom-ba! La hora que tocaron en ese festival no fue suficiente y decidí que iría a verlos, a pesar de mi bancarrota.  

Primero diré lo que estuvo terrible. La lluvia y el tráfico de la ciudad: hice hora y media desde mi casa hasta el Auditorio. Tenía pensado irme caminando, pero la lluvia se interpuso. Ni modo, dada mi ubicación actual, no hay forma de no cruzar Polanco (por abajo, por arriba, por en medio o transversalmente, ¡hay que cruzar el pinche Polanco en viernes de tráfico y lluvia!). Finalmente llegué a Reforma sólo para darme cuenta que ya no había lugar en el estacionamiento (¡madres!). Salí otra vez a Reforma (toda una odisea, debo decir). Cuando ya estaba totalmente desmoralizada, a las 9.15 pm, recibí mensaje de mi amigo que ya estaba adentro: "todavía no empieza, ¡calma!"... Calma y ¡pum! encontré un estacionamiento cerquita del Auditorio. Con una tranquilidad que no me caracteriza, caminé, porque las cosas no estaban para caerme o algo así. Llegué, entregué mi boleto, ya se oía música (¡aggrrhh!); el señor de la entrada, supongo que por mi cara, me dijo que acababa de empezar (¿a quién coño se le ocurre empezar con "viento"? ¡no me shingues!). Corrí, entré, me llevaron a mi lugar, mi amigo confirmó que ésa era la segunda canción  ("para que no digas que no pienso en ti". OK, sí pensaron en mí). Toda sudada, mojada, encabronada, agitada, me senté para dejar mi bolsa y quitarme la chamarra. Inmediatamente me paré. Acto seguido el señor de atrás: "amiga, ¿te puedes sentar? es que no veo". (¡No me shingues!). Respiré, me volteé y con mi sonrisa número 33 le dije: "Amigo, lo siento, los de adelante están parados y, además, amigo, ¡estás en un concierto!" (¡no mames, si no te quieres parar entonces vete a ver a la Sinfónica!). 

Una de las ventajas de no ir a verlos en su gira de reencuentro en el Palacio e ir a verlos en el Auditorio era justamente ésa: ¡el Auditorio tiene la acústica perfecta! No sé si por la edad, su ingeniero de sonido ya se quedó sordo o porque de plano no los quiere, pero ¡qué mal se escuchó! ¡Parecía que estaban tocando en la cochera de su casa! ¡Terrible, en verdad! 

En fin, fuera de esos inconvenientes, el concierto fue mucho más de lo que esperaba. En primer lugar, no se portaron tan mamones, estos muchachos son súper talentosos, pero todos son unos personajazos y sangrones a cual más (por eso no es tan complicado entender que se hayan separado). Luego, se aventaron casi tres horas de concierto y la verdad, muy entregados, muy emocionados, muy agradecidos, como que sí lo estaban disfrutando, cosa que siempre se agradece. Lo mejor fue que tocaron mi rola. ¡Uff! cuando escuché los primeros acordes y Saúl, con su otrora potente voz, dijo: "voy a través del cristal microscópico de tu piel celular..." se me enchinó la piel... ¡Ya, me podía morir en ese instante! Lo había oído todo. Me sorprendió que tocaran "El elefante", otra gran rolita que nunca fue bien valorada. ¡Muy bien que la rescataron! Tocaron, obviamente, sus éxitos de ayer, hoy y siempre: "miedo", "estás dormida", "perdí mi ojo de venado", "los dioses ocultos", "mátenme porque me muero" et al., et al. Además, Marcovich y el Sabo se echaron unos pequeños palomazos de música tradicional mexicana ("México lindo y querido, bla, bla" y "Sabor a mí", respectivamente). 

Hoy descubrí que Caifanes sigue estando vigente, y no sólo por sus grandes composiciones, sino por sus temas. Todavía suenan actuales. ¡Qué triste que haya cosas que no cambian en este país!: "...y fuimos hechos para andar de par en par, sin reclamar, hace tiempo me dijeron, aquí no pasa nada, que todo está guardado para que no le pase nada, que esta tierra es de ciegos y que el tuerto está en el cielo, para guardarlo todo y que aquí no pase nada". O esa rolita, "el comunicador", que escribieron para los medios y que está muy ad hoc con lo que pasa ahora: "hay un ser que nos teme, alguien que quiere escondernos, tiene óptica cuadrada y vomita engaños, desconecta tu razón. Amarilla está su sangre, reprimido su corazón, él te rompe los sentidos milenarios, es un foco de infección, yo no sé cómo se llama, es el comunicador".  Y, desde luego, le dedicaron "Antes de que nos olviden" al movimiento #yosoy132: "antes de que nos olviden haremos historia, no andaremos de rodillas, el alma no tiene la culpa, antes de que nos olviden, rasgaremos paredes y buscaremos restos, no importa si fue nuestra vida". 

Concierto redondo, redondo, redondo con una excelente compañía. Para ser perfecto, debían haberme acompañado los otros fans de Caifanes, mis primos Tona y Canek y mi hermano Diego, que habría estado de acuerdo conmigo en que sí se aventaron casi toda su casetografía. Pero no importa, porque siempre quedarán los Caifanes para peinarnos el alma. 

El set list (que sí escuché completito y éstas sí me las supe todas, todititas, todas): 

Viento
Para que no digas que no pienso en ti
Miedo
Mira que la vida no es eterna
Aquí no es así
Amanece
Cuéntame tu vida 
Miércoles de ceniza
Aquí no pasa nada
Sombras en tiempos perdidos
Antes de que nos olviden
Ayer me dijo un ave
Estás dormida
Piedra
El comunicador 
El elefante
De noche todos los gatos son pardos
La bestia humana
Perdí mi ojo de venado
Los dioses ocultos
México lindo (palomazo de Marcovich) 
Nos vamos juntos

Encore:
Quisiera ser alcohol
Hasta morir
Será por eso
Nubes
Mátenme porque me muero
No dejes que...
Afuera 
Sabor a mí (palomazo de Sabo)
La célula que explota
La negra Tomasa

P.D. Alfonso André tiene un pacto con el diablo: ¡está igualito! Los demás ya se ven traqueteadones, pero el Saúl sigue siendo sexy, la verdad.